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La Extensión: ¿Acaso estoy matando mis historias? Fumen y/o beban café, con Jazz de fondo mientras leen


(Julio AQ) #1

¿Cuanta extesión requiere un relato?
Mi pregunta consiste en lo siguiente. Siempre, desde muy pequeño, escribía cuentos cortos (Obviamente los primeros no tenian ni siquiera sentido en absoluto). Mi mamá al principio los leia y me alentaba un poco.
Con el pasar del tiempo, solo leia pero, ya no escribia. Un dia despues de mucho, me decidí a comenzar de nuevo, ya en mi etapa pre-adolencente. En aquella epoco los relatos que escribía ya tenian mas sentido, aunque tambien estaban sobrepoblados de errores de coherencia y bastante mala ortografia (Si, mas mala de la que tengo hoy día)
En esta epoca mi abuleo fallecio, y nunca alcanzó a leer nada que yo hubiera escrito. Al tener mucho dolor dentro de mi, comence una nueva etapa de escritura, algo diferente. Las cosas en la escuela no marchaban bien, y mi madre me tenia de punta. De modo tal, que comence a crear relatos de horror, vicerales, cosas que en su momento, hasta a mi me dieron pena. Dado que la mayoria de mis protagonistas eran huerfanos, mi madre un dia sin previo aviso, arrojo todos mis escritos a la basura, y me llevo a un terapeuta (Un psicologo, según ella, debido a que mentia, cosa que era verdad, y por que tambien creía fervientemente que yo la queria a ella y mi papá muertos)
Ahi fue donde paré de nuevo, para años mas tarde, comenzar desde cero, ya con mas calma en mi cabeza.
Hoy por hoy, ‘‘creo’’ que ya nadie piensa que tengo deseos asesinos por escribir aquello que me apasiona. Aun asi, mi madre insiste en que deberia publicar algo, y que mis aspiraciones como escritor son estupidas, ya que como nunca a visto que publicase nada, es trabajo, en sus propias palabras, ‘‘Al Pedo’’ (Quizá gente de Argentina entienda mas esta expresión, pero para los de afuera, es algo asi como hacer algo que no va a servir para nada)
¿A qué me lleva todo esto? a nada. Solo queria contarles que si eh tenido tropesones escribiendo, que jamas eh encontrado revistas fisicas ni nada donde publicar (Si saben de alguna en argentina me avisan, por favor), y quiza lo mas importante: Que siempre eh puesto mis propias limitaciones.

A esto ultimo quiero utilizarlo como disparador para una pregunta.
Aclarando que, la mayoria, sabran que una novela tiende a constar de un minimo de 120 a 150 paginas para ser considerada como tal. ¿Cual es la extensión de un cuento o un relato?

Espero respondan a esto, ya que me a carcomido la cabeza en mas de una ocasión. Siempre freno antes mis ideas para crear relatos cortos, cuando a veces podrian haber alcanzado la extensión de una novela, pero, me termino por dejar muchas cosas afuera, que encajarian perfecto con la trama, o personajes que podrian ser mas profundos.

Creo que ya me fue bastante por las ramas. ¿Estoy acaso matando mis historias por no querer contarlas a plenitud? Por favor, ayuden a este chico de 21 años que a caido en desgracia. jaja XD

(PD: tienen derecho a reirse de mi vida como persona, como escritor… Y si, de mi ortografia tambien…)


(Alejandro Baravalle) #2

Te contesto sobre esto y lo del otro hilo: no deberías preocuparte por los lectores de tu círculo sino por los potenciales lectores que tendrás cuando publiques. Tampoco por la extensión (los límites entre relato, novela corta o nouvelle y novela a secas son difusos y discutibles). Lo importante es que la narración sea buena, dure lo que dure.


(Alejandro Baravalle) #3

Ah, me olvidé de decirte: nadie vive solamente de la escritura, por más exitosos que sean sus libros. Al menos, no sucede así en la Argentina (Borges daba conferencias para llegar a fin de mes). Lo ideal es tener un laburo más o menos soportable que te permita vivir, y dedicar el tiempo que puedas a tu verdadera pasión. Sos chico, no te apures.


(Julio AQ) #4

Muchisimas gracias Ale! esas quizá sean las palabras que mas necesitaba. Es verdad, aun soy joven, y aunque no hay trabajo ahora, pase gran parte de mi vida trabajando mientras escribia (Trabajo desde los 13 años)
Este tipo de palabras son las que mas me dan aliento. Esta ultima vez, hasta mi pareja me lo dijo despues de leer un cuento de fantasia que le escribí para nuestro aniversario (Obviamente con otros regalos mas jaja)
’‘Si tenias talento… ¿Porqué abandonaste? Si pensas enviar algo a Noriko, no me lo digas como si fuera una idea. Hacelo y si es algo que te gusta ya no vuelvas a abandonar’’

Espero, que siempre estes ahí, leyendome, y diciendome que hago bien y que no estimado! Muchas gracias una vez mas!


(Randolph Markowsky) #5

Hola @zachs, suponía tu juventud dado el ímpetu que percibía en tus comunicaciones :slight_smile: , sin embargo a pesar de tu corta edad tienes ya un estilo interesante que denota cierto oficio, no dejes que esa llama se apague. Por otro lado todas esas experiencias que comentas que han marcado tu vida desde temprana edad, suelen enriquecer el bagaje de los escritores. De hecho se sabe que varios de los escritores clásicos exorcizaban de alguna manera sus demonios personales a través de la literatura, incluso hasta en algunas ocasiones ha sido necesario que observen cierto tiempo el abismo, el necesario para no permitir que este observe mucho dentro de uno mismo.

Sobre la extensión de un cuento corto, la métrica que recomiendo es la de 3,000 palabras, por razones que expuse en el otro post. Sin embargo esto es una mera referencia, lo importante es que la historia tenga el ritmo adecuado que mantenga atrapado al lector. Considera también que en algunos casos, para un mayor impacto se cumple aquello de que “menos es mas”.

Como ejemplo, cito el cuento Ecos de Lawrence C. Conolly, que en su momento me impresionó por hacer gala de una síntesis impresionante para contar una historia:

Marie se quedó de pie en la cocina, con la mirada fija en los pájaros imantados que había sobre la puerta de la nevera. Poco después, Billy gritó desde la sala reclamando leche para su hermano Paúl. Ella no contestó.
Paúl hacía tres meses que había muerto.
—¿Mami?
Miró a su alrededor, intentando recordar para qué había ido a la cocina.
—¡Mami! Paúl quiere leche. ¿Puedes traérsela?
El juego no podía continuar. Empezaba a ser aburrido. Billy ya era lo suficientemente mayor como para comprender la muerte, para poder comprender que era imposible que Paúl estuviese en la sala mirando la televisión. Billy tenía seis años.
Paúl, de no haberse ido, tendría cinco.
Dio la vuelta para regresar a la sala y sintió el agudo e hiriente dolor en su espalda, que el médico le había dicho que sentiría el resto de su vida. Marie tenía veintinueve años. El resto de su vida… Eso era mucho tiempo si moría de vieja y no de otro accidente. Se preguntó si alguna vez podría considerar el dolor como algo normal.
La sala estaba a oscuras. Antes del desayuno había intentado correr las pesadas cortinas azules pero Billy no le había dejado. Se había vuelto un chico casero, y prefería las habitaciones oscuras antes que el mundo exterior. Prefería la compañía de su hermano muerto antes que la de los niños vivos. Se sentaba solo, apoyándose en el brazo del diván, con el cuerpo grácilmente lacio. Era sorprendente la rapidez con que su joven cuerpo se había recuperado. Los miedos habían desaparecido. Sus huesos rotos ya estaban soldados. Observándolo, era difícil pensar que también él resultó afectado.
Un donut entero estaba sobre la mesita. Ella lo señaló y dijo:
—¿No te lo vas a comer?
Él negó con la cabeza.
—Se lo he dejado a Paúl, pero no se lo comerá si no le traes leche. Está enfadado porque no le has preparado el desayuno.
Ella miró a la televisión y preguntó:
—¿Qué están dando?
—Edge of Night. Paúl quiere saber si…
—¿No hay ningún programa infantil?
—Sí, pero tú pusiste este canal. ¿Te acuerdas? Lo pusiste, y luego te fuiste a la cocina. Paúl dice…
—Bueno, mejor lo quitamos. Tengo dolor de cabeza y…
—¿Por qué haces esto?
—¿Qué cosa?
—Hablar de otras cosas cuando yo hablo de Paúl.
—¿Qué quieres para almorzar?
—¿Mami?
Estaba a punto de llorar, y ella estuvo a punto de ceder, a punto de decirle ¡hola! al espacio vacío junto a Billy, a punto de ir a la cocina a por leche. Sería fácil seguir el juego. Ella lo sabía. Ya lo había hecho antes. Y algunas veces se había convencido a sí misma de que Paúl estaba allí…
—¿Mami?
Ella se dio la vuelta, conocedora de que, si la discusión continuaba, Billy saldría ganando. Y ella no lo podía permitir. La noche pasada, Roger había regresado pronto a casa y los había encontrado a los dos habiéndole a Paúl. Roger entonces impuso su ley. Le había dicho que no era adecuada tal farsa. No lo era para nadie.
Volvió a mirar hacia el diván, a su hijo mayor que volvía a ser un niño solitario, y le dijo:
—Luego quiero que vayas al colmado. Nos estamos quedando sin mantequilla.
Billy empezó a mordisquear el donut intacto.
Marie se preguntó si lo estaba consiguiendo.

Más tarde, cuando la hueca tarde empezó a tomarse oscura, Roger se sirvió un martini y le preguntó qué tal había ido el día. Ella le contestó que bien, y él, tomando una silla, se sentó frente a ella, al otro extremo de la mesa de la cocina. El ya no llevaba la escayola en el cuello, pero ella podía ver que el dolor no mejoraba. El médico no quería que él trabajase la jornada completa, pero Roger no era de los que aceptan órdenes. Seguramente se serviría dos martinis más antes de cenar.
La televisión seguía conectada en la sala. Billy se había pasado todo el día frente al aparato, mirando todo lo que habían puesto en el canal 4. El sonido seguía estando demasiado alto. Roger miró por encima del hombro de Marie hacia la sala, y algo en su expresión inquietó a su esposa.
Se temía lo que iba a venir.
—Marie —dijo él—. ¿Por qué está encendido el televisor?
—Por favor, Roger, deja al niño.
Ella se lo había insinuado. Seguro que sería suficiente. Pero miró hacia otro lado cuando él se levantó de la mesa.
Él se acercó a la sala. La televisión quedó en silencio.
—No quiero que hagas esto —dijo él, regresando a la cocina—. No quiero que sigas con ese juego en una sala vacía.
Ella gritó. Luego intentó contarle la conversación que había tenido con Billy aquella mañana. Pero cada vez que ella empezaba, él le preguntaba por la cena, o por sus labores, o por la señora Burke, su vecina.
Poco después, cuando pareció inútil insistir, ella se puso el abrigo y se acercó al colmado a por mantequilla. Quedaba a cinco manzanas. El paseo era doloroso, pero ella no quería conducir. Ya no se sentía segura en un coche.
Roger quedó atrás en la casa vacía. Se sirvió el segundo martini, preguntándose si lo estaba consiguiendo.


(Julio AQ) #6

Es increible! Me encantó! La verdad que no habia leido algo que me dejara asi en años.
Trataré de hacer un par de correcciones a Pensamientos Inmoviles. Esta vez dejandome llevar, sin pensar tanto en la extensión. La verdad muchas gracias! Me a sido de gran ayuda Noriko y ustedes para poder ver hacia donde ir ahora con las ideas que tenia! Muchas Gracias!


(Señor Muerte: El Barón del Terror) #7

Es como dice el buen @alejandrobaravalle , no todos se mantienen bien de los escritos; es una jugada, porque puede que hoy vivas bien de eso mientras que el día de mañana no. Lo importante es que lo hagas porque te gusta y no por otro motivo. Si haces las cosas bien, con el tiempo todo se te va ir dando.

No creo que estés matando tus historias, más bien creo que no estás del todo enfocado hacia dónde vas a encarillar tu proyecto; es decir, y como lo comentó Alejando, encontrar tus lectores potenciales. Un consejo que te voy a dar, y que me lo dio un amigo de edad avanzada ya consagrado por mis tierras (y la verdad ya ni recuerdo de dónde lo sacó, porque creo que también lo dijo otro escritor) es:

Para ser un buen escritor, primero debes de ser un buen lector. Si no tienes tiempo para leer otra cosa que no sea lo tuyo, olvídate de mejorar tu técnica (no necesariamente fueron esas palabras, pero la idea es esa jajajaja…).

Así que a comprar muchos libros del estilo que más te guste, y a ponerse a leerlos. Yo te deseo mi más sincero apoyo.

Pd: Yo no fumo, no tomo café (no quisiera manchar mis libros) y no escucho música mientras leo (el Metal y la música Industrial son muy ruidosos).


(Fabricio Mándola) #8

Hola Julio… ¿Como va?

Como ya dijeron previamente, no existe un numero preciso para la extensión de un cuento (ni de una novela), por el contrario, todo depende del estilo y de la capacidad para hacer que la historia sea atractiva. También depende de las decisiones y los intereses que tengas al momento de escribir el cuento, lo que quieras expresar, lo cual condiciona.

En mi opinión personal, mas importante que la extensión o la facilidad de lectura, es el sentido critico que cada uno tiene sobre su capacidad como escritor. Hay mucha gente que carece de autocrítica con respecto a sus cuentos y terminan escribiendo bodrios infumables, sin correcciones siquiera mínimas ni ningún tipo de criterio literario (Hola Aira, ¿Como va? (?)). El estilo se construye a través de correcciones, de errores y cambios, bajo la noción de que todo texto es perfectible, no abrazando una idea fanáticamente.

Forzar los limites, buscar otras formas de armar un relato por fuera de la escritura lineal, no encerrarse en un género o en un estilo.

Por ultimo, con respecto a lo que decías de dejar ideas afuera: Para mi las tenes que meter igual y una vez que tengas todo sobre el papel (o la pantalla) vas borrando lo que no termine de encajar, hasta que encuentres un equilibrio que te guste.

Espero que te sirva…


(Alejandro Baravalle) #9

@fabri_luppus63 , impecable lo que decís. E incluyo en el elogio la referencia a Aira, el emperador desnudo de la literatura argentina.


(Fabricio Mándola) #10

El chiste de Aira es la idea del mono inmortal tecleando en una maquina de escribir el cual, forzosamente en algún momento escribirá la mejor novela de la historia. Con Aira pasa lo mismo: Publica tanto que necesariamente alguna de esas novela tiene que ser buena (y hasta ahí)


(Alejandro Baravalle) #11

Sí, yo aludía a esta famosa fábula. Ningún crítico se atreve a decir que Aira está desnudo. http://ciudadseva.com/texto/el-traje-nuevo-del-emperador/